
La caligrafía suele comenzar con la imitación. Miramos trabajos hermosos e intentamos repetirlos. Es natural. Pero si uno se queda en esta etapa, el estilo nunca aparece de verdad. El estilo personal comienza cuando se empieza a sentir la línea desde dentro y no solo a copiar su forma exterior.
La imitación puede enseñar técnica, pero no crea visión. La mano puede reproducir una forma con limpieza y aun así la obra sigue careciendo de carácter. El estilo real nace del tempo propio, de la presión, del sentido de la proporción y de la relación emocional con la forma.
La caligrafía se convierte en arte cuando la imitación deja paso a la percepción. Entonces aparece una voz manuscrita que nadie puede repetir por completo.





